El lenguaje es propiedad de los hombres y sin embargo no sabemos como lo obtuvimos. No sabemos como se originó ni de dónde vino. Con él podemos y hacemos muchas cosas, podemos hablar sobre todas las cosas del mundo, incluyendo al lenguaje mismo. Los antiguos, gente que vivió hace mucho tiempo, quizás por estar más cerca del momento en el que el hombre obtuvo el lenguaje, sabían muchas cosas y se hacían las mismas preguntas que todavía hoy nos hacemos nosotros. Ellos decían que el lenguaje es el mundo, que no existe nada aparte de lo que no pueda ser dicho, nombrado. Y para que el lenguaje pueda darle nombre a todas las cosas del mundo, tiene que ser igual al mundo. Si sabemos cómo es el lenguaje sabremos cómo es el mundo.
Pero el lenguaje está en nuestra boca y nuestra mente y el mundo es tan grande y está fuera de nosotros. ¿Cómo es posible que esto sea cierto? Como cada cosa del mundo tiene su palabra, hay un vínculo entre ambas. Algo debe tenerlas atadas, hay un amarre entre ellas; pero quizás no sea como una cuerda sino como una luz, porque en verdad el lenguaje solo toca las cosas, y las ilumina para poderlas ver. El vínculo es más bien como un rayo. Las palabras son como rayos que llegan y tocan las cosas que nombran .A toda cosa nombrada le llega un rayo, y también le llegan rayos a todo lo desconocido, porque desconocido ya es un nombre. Todo lo conocido y lo desconocido está en el lenguaje y él a todo le envía rayos.
Algunos de esos rayos son parecidos. Por ejemplo veo un pájaro junto a una flor, y reconozco sus nombres. Cuando el rayo de cada uno de sus nombres los toca, nos devuelve un resplandor. Eso es lo que llamamos belleza. Sus rayos se parecen, porque están juntos cuando los nombro o porque uno atrae al otro y estando juntos sus colores y su brillo ponen un acento en el mundo, iluminan el mundo y lo vemos con mayor claridad. Entonces sus rayos parecieran juntarse en uno. Allí es cuando uno puede nombrar a uno con el rayo del otro, sin que ni siquiera esté presente. Por ejemplo, puedo decir que los pájaros son como las flores del prado animal o que hay flores que pareciera que en cualquier momento van a volar y a cambiar de los árboles que las tienen. Al decir cosas así mantengo los rayos juntos y queda atrapado el resplandor. Como cuando alguien vio un pájaro chupando flores y lo llamó, picaflor o chupita. Y cuando decimos esta palabra recordamos el colibrí chupando flores. Como sus rayos están juntos vienen los dos, el pájaro y la flor, y así siempre que pienso o digo chupaflor. Y esta magia del lenguaje, de tener los rayos atrapados juntos y resplandeciendo, tiene su propio nombre también. El rayo que toca los dos rayos se llama metáfora. Este tipo de rayos los usamos casi todo el tiempo, porque son muy largos y poderosos. Pueden atravesar el mundo y colocan su punta en la materia de cosas, o de otros rayos, muy distantes y diferentes.
Todos usamos este tipo de rayos que llamamos metáforas. Pero los más usados los tomamos ya hechos. Quienes descubren y hacen para los demás estos rayos son los poetas. Por ejemplo, uno de ellos, hace mucho tiempo debe haber visto hacia el cielo de noche y observar como una estrella caía al mar. Se le ocurrió que era tan instantáneo ese momento que era como la fugacidad de los deseos. Desde ese momento las estrellas fugaces y los deseos quedaron cruzados. Y dos cosas tan efímeras se volvieron, por el efecto de sus rayos cruzados, eternas porque todo el mundo los siguió usando así, cruzados y juntos para siempre. Las metáforas inolvidables son solo eso: rayos cruzados por un hombre para siempre. Porque los rayos permanecen mientras las cosas del mundo pasan. Esa es la única manera que tiene el hombre para hacer cosas permanentes. Y esto es asombroso porque hacer cosas permanentes es tarea de dioses.
Ahora puedes entender lo curioso que es este robot. Porque es una máquina que fabrica rayos cruzados que nunca se repiten. Una máquina que envía rayos a lugares que nunca habían sido alumbrados. Que nos enseña cosas que nadie había antes pensado. La cosa que nos enseña más sorprendente sin duda es ella misma, porque nos deja pensando que algún día, máquinas como ella nos ayudarán a descubrir de donde vinieron, como los obtuvimos y por que son así esos rayos que lanzamos hacia las cosas del mundo y que cruzándolos, construyendo metáforas, como superrayos permanentes, nos hacen creer por un momento, tan fugaz como el deseo, que podemos hacer tareas de dioses. Quizás esas máquinas nos digan algún día que el lenguaje fue el regalo que un dios benévolo le hizo a un poeta valiente, que osó mirarlo de frente.
Juan Astorga
Mérida, 27 de septiembre de 2001
Autor: Luis Astorga
Curaduría: Juan Astorga
Programación: Luis Astorga
Colocación en línea: Ricardo Pozzobon (VEREDA)
Cautiverio ha sido realizada en el lenguaje de programación PROLOG, y corre en el interprete SWI-PROLOG 4.09, producto de la Universidad de Amsterdam de uso liberado (http://www.swi.psy.uva.nl).
Utiliza el banco de imágenes de venta libre de la compañía ADOBE (Demos de Macromedia para el diseño web). Depósito legal M-19747-1999.
La obra Cautiverio está alojada en el portal VEREDA , Venezuela Red de Arte, de la Universidad de Los Andes, Mérida Venezuela: http://vereda.saber.ula.ve
Cautiverio fue realizada en el marco del postgrado de Simulación y Modelado de Sistemas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Los Andes (ULA).
El autor agradece especialmente a las siguientes instituciones y personas:
Grupo de Ingeniería Lingüística de la ULA (GIL), y en particular al profesor Jacinto Dávila, Jefe del mencionado postgrado y responsable del grupo.
VEREDA, Venezuela Red de Arte, y en particular a su coordinador profesor Juan Astorga, y a Ricardo Pozzobon, miembro activo del equipo.
Cautiverio se ha migrado a el Servidor Linux Ubuntu de VEREDA, en abril 2011 por WebMaster Elibeth Castillo. Se instalo el programa SWI-PROLOG versión 5.6.64-2 y para realizar la llamada del archivo Prolog (master.pl) se utilizó código en PHP. Referencia utilizada How to Call SWI-Prolog from PHP 5.