Excelentísimo Señor:
Hugo Chávez Frías,
Presidente de la
República Bolivariana de Venezuela.
Palacio de Miraflores,
Caracas.

Muy apreciado Presidente Chávez:

Nosotros, intelectuales venezolanos concientes, comprometidos con la independencia definitiva de nuestra patria, le pedimos preste unos minutos de su atención a este escrito, que no dudamos será de su mayor interés.

Al igual que muchos venezolanos, hemos venido participando en el desarrollo de las políticas culturales y comunicacionales del proceso bolivariano, entendiendo que dentro de las luchas que se libran una de las más álgidas y complejas es la del frente de la comunicación de masas. De hecho, hemos podido presenciar que el lugar irreductible de los enfrentamientos –una vez superados los demás escenarios de los diferentes conflictos de intereses– termina siendo precisamente éste, el de los medios de comunicación.

No es casual, hemos llegado al llegadero donde están instaladas las armas más eficaces –capaces de anular al contrincante, convirtiéndole en aliado del agresor en contra de su propia conveniencia– de un factor común en las luchas interculturales el cual se ha denominado TRANSCULTURACIÓN: término que describe el efecto permanente sobre el que se articulan las demás prácticas de dominación en los procesos de colonización y que implica siempre una sustitución –a veces desaparición total– de los valores propios de la cultura transculturada.

La metodología de los procesos de colonización es simple, aunque se ha sofisticado y tecnificado de manera sorprendente en las sociedades contemporáneas a través precisamente de los medios masivos de comunicación: dicha metodología consiste en utilizar técnicas manipulatorias de la conciencia, actuando al interior del sujeto social, para sustituir –mediante procesos de simbolización– sus estructuras de valor tradicionales por las de la cultura invasora. El sujeto colonizado deviene en réplica descontextualizada de los sujetos colonizadores colaborando él mismo en la creación y sustento de las instituciones culturales de la nueva cultura dominante. De esta manera, la lucha intercultural deriva en intracultural y la liberación del colonizado debe transitar por conflictos sociales y guerras civiles. Es necesario agregar que las razones de los procesos de dominación y colonización son muy variadas dependiendo de los diferentes momentos históricos, pero siempre conllevan el despojo material de los colonizados.

Por eso en la medida que se profundiza la Revolución, se hace más necesario desmontar los mecanismos de manipulación de la conciencia social, instalados no sólo en las formas de propaganda y publicidad, sino también en la construcción misma de los contenidos que incesantemente trasmiten estos medios hegemónicos transculturadores. Es ineludible, como se está haciendo, promover la aparición de medios libres que sirvan a los intereses de las comunidades en su afán liberador.

Pero una discusión que está pendiente y que no ha sido asumida en toda su dimensión, es la de las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación; Internet es el fenómeno donde convergen todas ellas. Ningún experto duda en afirmar que estamos en presencia de un acontecimiento tan significativo como la aparición del lenguaje, la escritura o la imprenta; sin duda, se trata de un hito en la historia humana. Pero en las discusiones sobre políticas informativas y culturales así como en las decisiones públicas –hasta ahora– las decisiones se han dirigido a la generación, difusión y uso de los sistemas de procesamiento o programas; es decir, la cuestión sobre el Software Libre.

Desde un punto de vista estratégico es necesario comprender la dimensión social y el poder para la transculturación, o la liberación, de los medios de teleinformación: Internet. Por ello, debemos asumir que los asuntos concernientes a las redes telemáticas no son argumentos solamente técnicos ni deben estar solamente en manos tecnocráticas. Internet es determinante en el mundo actual y debe ser un tema que involucre la participación colectiva de la sociedad. Lo que está sucediendo ahora es, usando un símil comunicacional, que estamos dejando en manos de los fabricantes y operadores de los sistemas teleinformáticas la decisión sobre los contenidos, como si dejáramos en las manos de los fabricantes de cámaras e imprentas la decisión de las noticias que publican los medios radioeléctricos e impresos.

Somos de los que piensan, junto a muchos otros en el mundo afortunadamente, que el colofón necesario de esta discusión es el acceso libre a la información. Todo el conocimiento humano, no solamente el de los programas de software, debe estar al alcance de toda la humanidad. Una población con sus necesidades básicas resueltas debe también tener acceso a la misma cantidad y calidad de conocimiento –tanto ajeno como propio, el universal y el local– que las sociedades postindustriales, para poder hablar de igualdad de condiciones.

El primer aspecto a considerar es el del lenguaje. Apenas un 5% de los contenidos en Internet están en español, siendo la nuestra la segunda lengua más hablada en el mundo después del chino mandarín. Los hispanoparlantes, particularmente los latinoamericanos que somos la mayoría, tenemos el reto de colocar en línea los contenidos de nuestras propias formas culturales, o de lo contrario seguir soportando las deformaciones intencionales que la mirada foránea forja sobre nuestra idiosincrasia. Cualquier educador activo sabe que la principal fuente de consulta de los estudiantes, de todos los niveles, es el portal Web Wikipedia, proyecto norteamericano. Las universidades latinoamericanas no superan el centenar entre las dos mil primeras del ranking mundial, evaluadas según sus repositorios de información académica y dentro de este número sólo hay cuatro venezolanas: la proporción de información científica en otras lenguas y de otros países es aplastantemente superior en comparación con la cantidad de información en Internet colocada por nuestro país.

En ese mismo orden de ideas podemos comentar sobre la orientación ideológica y política de los contenidos (de todo tipo, no sólo de los contenidos políticos). Las mayores corporaciones globales, actualmente, son las de tecnologías de teleinformación; superando a las petroleras y energéticas, a las fabricantes de vehículos y artefactos, a las de construcción, a las productoras de alimentos, de vestimenta, de medicamentos, etc. Su fuerza no solamente reside en la extensión mundial de sus tecnologías, sino en la captura masiva de datos. La nueva realidad telemática denominada Web 2.0. es la última estrategia de las grandes transnacionales y en pocos años casi la totalidad de los contenidos en Internet estarán en las computadoras -servidores físicos- de las corporaciones telemáticas norteamericanas.

Toda la información en formatos digitales de la especie humana será controlada por la etnia blanca anglosajona. Las trasnacionales de la información política serán absorbidas por las trasnacionales de contenidos. La fusión entre la manipulación política y la divulgación de contenidos será total.

Sin ánimo de ser alarmistas, pero estando conscientes de esta situación, podemos afirmar que estamos ante un problema de soberanía nacional y de supervivencia política. El frente comunicacional, con los esfuerzos hechos en televisión, radio y prensa debe ser extendido como un frente cultural hacia Internet. Al igual que en los otros frentes, es necesario activar un gran esfuerzo cooperativo del gobierno, al cual se sumen los productores de contenidos y las comunidades, convirtiéndose ellas también en productoras y colocando sus contenidos en esas redes. El medio de Internet es interactivo y facilita la difusión de contenidos por cualquier persona, en esto reside su utilización plena y su colosal valor democrático. Usted lo ha comprendido mejor que nadie.

Presidente, creemos firmemente que este asunto amerita ser contemplado en el Segundo Plan Socialista y su correspondiente Ley, ya que solamente con un esfuerzo de gran alcance, y rango legislativo, combatiremos poderosamente esta batalla con sustentabilidad futura. En suma, la intención de incorporar este vital propósito en dicha Ley sería prepararnos para la gran confrontación que ya ha comenzado: la del ciberespacio.

El socialismo del siglo XXI deberá ser necesariamente telemático. Los abajo firmantes confiamos plenamente en su probado juicio de estadista para orientar al pueblo venezolano en esta nueva victoria, que sin duda contribuirá decisivamente a consolidar nuestra Revolución Bolivariana.

Gracias por su atención y por su valioso tiempo.

JA/ junio del 2012