Cambios

TIERRA ES LA NOCHE: Oda a la Generación Irreverente.
Detrás, como telón de fondo, la miseria de un continente entero. Preñado de infortunios insufribles y odios confrontados. De tragedia en tragedia transcurrió nuestra juventud. Crecimos en una época en que todos los días se presagiaba una guerra atómica. Fuimos herederos de la revolución de la paz y el amor. Testigos de todo eso, estupefactos nos mantuvimos despiertos en la búsqueda de la belleza. Fuimos herederos de la revolución de la paz y el amor.
Viajábamos, si, somos cosmopolitas. Bebíamos martinis en todos los bares del mundo: de la barra del Queen Mary en la Bahía de Long Beach, paseando por el bar del Palace Hotel de Madrid, mirando el rio Amarillo en las terrazas del Bund en Shanghái. Nos citábamos en las cinematecas y museos europeos, en los festivales de cine y en las grandes avenidas otoñales con sombreros y abrigos de invierno. Teníamos poco pero hacíamos mucho, en la vida y en el arte.
 
 
En nuestro país los artistas venían de las zonas rurales recónditas mas pobres y luchaban por ser reconocidos en la capital. Venían del monte y la culebra, pasaban de aldeanos a ser citadinos y muchos a tomar como locos en la República del Este. Algunos de ellos nos sobrellevaban, otros nos repudiaban, pero todos nos envidiaban: la era de libertades desenfrenadas que nos tocó vivir, nuestras glamorosas vidas y las extraordinarias mujeres que nos acompañaban.
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