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(BIBLIOGRAFIA)
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* El  Dibujo  en  Venezuela:  Estudio  y  Antología  de  textos, FUNDARTE, Caracas, 1992
 
* El  Dibujo  en  Venezuela:  Estudio  y  Antología  de  textos, FUNDARTE, Caracas, 1992
FIGARELLA,  Mariana,  “Los años  ochenta.  Panorama  de  una  década”,  en Los 80.
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*FIGARELLA,  Mariana,  “Los años  ochenta.  Panorama  de  una  década”,  en Los 80.
  
 
*Panorama de las Artes Visuales en Venezuela, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1990
 
*Panorama de las Artes Visuales en Venezuela, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1990
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* Arte  en  Libertad.  Salón  1958,  Salón  1958  Catálogo  de  la Exposición  (18 de octubre 1998 al14 de febrero 1999, texto central de José Antonio Navarrete), Museo Alejandro Otero, Caracas, 1999
 
* Arte  en  Libertad.  Salón  1958,  Salón  1958  Catálogo  de  la Exposición  (18 de octubre 1998 al14 de febrero 1999, texto central de José Antonio Navarrete), Museo Alejandro Otero, Caracas, 1999
NIÑO ARAQUE, William,  Arquitectura  y  Trópico  1980 -1990, CONAC, Caracas, 1993
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*NIÑO ARAQUE, William,  Arquitectura  y  Trópico  1980 -1990, CONAC, Caracas, 1993
  
 
*“Arquitectura,  proyectos  y  obra”,  Nota  del  Catálogo  de  la Exposición, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, 1999
 
*“Arquitectura,  proyectos  y  obra”,  Nota  del  Catálogo  de  la Exposición, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, 1999
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*OVIEDO y BAÑOS, José de,  Historia de la Conquista y Población de  Venezuela, Edición Cuatricentenaria, Caracas, 1967
 
*OVIEDO y BAÑOS, José de,  Historia de la Conquista y Población de  Venezuela, Edición Cuatricentenaria, Caracas, 1967
  
*PALENZUELA, Carlos (compilador), Leoncio Martínez crítico de arte 1912-1918, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1983 PALM,   Erwin,  “Estudios  de  arquitectura  venezolana”,  en  Revista  Nacional  de Cultura, N° 90- 93, Caracas, enero-agosto, 1952
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*PALENZUELA, Carlos (compilador), Leoncio Martínez crítico de arte 1912-1918, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1983 PALM, Erwin,  “Estudios  de  arquitectura  venezolana”,  en  Revista  Nacional  de Cultura, N° 90- 93, Caracas, enero-agosto, 1952
  
 
*PICÓN SALAS, Mariano, Perspectivas de la pintura venezolana, secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana, Caracas, 1954
 
*PICÓN SALAS, Mariano, Perspectivas de la pintura venezolana, secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana, Caracas, 1954
*PINEDA, Rafael, “Revelación de un pintor secreto: Jesús María de las Casas”, Separata de la Revista Nacional de Cultura, N° 180, Caracas, 1967 _____________,  “Diario  inédito  del  pintor  Emilio  Boggie”, en  Arte en Venezuela, Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas, 1977
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*PINEDA, Rafael, “Revelación de un pintor secreto: Jesús María de las Casas”, Separata de la Revista Nacional de Cultura, N° 180, Caracas, 1967 _____________,  “Diario  inédito  del  pintor  Emilio  Boggie”, en  Arte en Venezuela, Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas, 1977, Para Marisol y otros, CONAC y Galería de Arte  Nacional, Caracas, 1982
                          , Para Marisol y otros, CONAC y Galería de Arte  Nacional, Caracas, 1982
 
  
 
*PLANCHART, Enrique, Tres siglos de pintura en Venezuela, Museo de Bellas Artes, Caracas, 1948
 
*PLANCHART, Enrique, Tres siglos de pintura en Venezuela, Museo de Bellas Artes, Caracas, 1948
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*QUINTANA  CASTILLO,  Manuel,  Marcos  Castillo,  Col.  'Arte',  N°  9,  INCIBA, Caracas, 1967
 
*QUINTANA  CASTILLO,  Manuel,  Marcos  Castillo,  Col.  'Arte',  N°  9,  INCIBA, Caracas, 1967
RAMA, Ángel, Antología del Techo de la Ballena, FUNDARTE, Caracas, 1987
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*RAMA, Ángel, Antología del Techo de la Ballena, FUNDARTE, Caracas, 1987
  
*R.H., Editoriales del Heraldo, Ediciones del Heraldo, Caracas, 1955 RODRÍGUEZ, Bélgica,  La  pintura  abstracta  en  Venezuela  (1945- 1965),  MARAVEN, Caracas,
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*R.H., Editoriales del Heraldo, Ediciones del Heraldo, Caracas, 1955 RODRÍGUEZ, Bélgica,  La  pintura  abstracta  en  Venezuela  (1945- 1965),  MARAVEN, Caracas, 1980
1980
 
  
 
*Breve historia de la escultura contemporánea en Venezuela, Col. 'En Venezuela', N° 9, FUNDARTE, Caracas, 1979
 
*Breve historia de la escultura contemporánea en Venezuela, Col. 'En Venezuela', N° 9, FUNDARTE, Caracas, 1979
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*“La pintura en Venezuela”, en Boletín de la Unión Panamericana, N° 4, 1919
 
*“La pintura en Venezuela”, en Boletín de la Unión Panamericana, N° 4, 1919
*SILVA,  Carlos,  Pedro  Barreto  escultor  de  Oriente  a  Oriente ,  Galería  Durbán, Caracas, s.f.
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*SILVA,  Carlos,  Pedro  Barreto  escultor  de  Oriente  a  Oriente ,  Galería  Durbán, Caracas, s.f.,  Historia  de  la  Pintura  en  Venezuela.  Tom.  III,  Armitano, Caracas, s.f.
                              ,  Historia  de  la  Pintura  en  Venezuela.  Tom.  III,  Armitano, Caracas, s.f.
 
 
*SILVA, Carlos. Poleo: Categorías del espíritu, CONAC, Caracas, 2000.
 
*SILVA, Carlos. Poleo: Categorías del espíritu, CONAC, Caracas, 2000.
  
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*VIERNI, Dina y TRABA, Marta, Cornelis Zitman, Editorial Arte, Caracas, 1981
 
*VIERNI, Dina y TRABA, Marta, Cornelis Zitman, Editorial Arte, Caracas, 1981
  
*VILLANUEVA,  Carlos  Raúl  y  otros,  Caracas  en  tres  tiempos,  Ediciones  Arte, Caracas, 1966
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*VILLANUEVA,  Carlos  Raúl  y  otros,  Caracas  en  tres  tiempos,  Ediciones  Arte, Caracas, 1966,  La  integración  de  las  Artes ,  Universidad  Central  de  Venezuela, Caracas, s.f.
                        ,  La  integración  de  las  Artes ,  Universidad  Central  de  Venezuela, Caracas, s.f.
 
 
*VILORIA  VERA,  Enrique,  La  Muerte  en  el  Arte  Contemporáneo  Venezolano, Banco Industrial de Venezuela, Caracas, 1996
 
*VILORIA  VERA,  Enrique,  La  Muerte  en  el  Arte  Contemporáneo  Venezolano, Banco Industrial de Venezuela, Caracas, 1996
 
*ZAWISZA, Leszeck, Arquitectura  y obras públicas en Venezuela en el siglo XIX, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 1988, 3 tomos
 
*ZAWISZA, Leszeck, Arquitectura  y obras públicas en Venezuela en el siglo XIX, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 1988, 3 tomos
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==Créditos==
 
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*[[File:Wh pv PortadaLibro SimonNoriega EC 231115.jpg|250px|link=http://vereda.ula.ve/historia_arte/pdf/VenezuelaEnSusArtesVisuales_SimonNoriega_abril2001.pdf|]]

Revisión actual del 12:58 24 nov 2015

Más acá de la modernidad

Los años setenta marcaron el inicio de una nueva etapa en todos los aspectos de la vida venezolana. En el orden político es notable el repliegue de los grupos subversivos. En el terreno económico lo es el aumento vertiginoso de los precios del barril de petróleo, de 2 a 14 dólares en 1973. Uno y otro suceso incidieron profundamente en el comportamiento del venezolano de clase media. Éste acentuará sus hábitos consumistas, asumiendo conductas que lo distinguen notablemente de las clases medias de otros países de América Latina. La pacificación es una consecuencia de la rectificación política de la mayoría de los grupos guerrilleros que, sólo a estas alturas, fueron capaces de entender la vocación democrática del venezolano común y corriente como una realidad palmaria. Aceptaban, de esta manera, que la lucha armada había sido un fracaso político. El gobierno de Rafael Caldera (1969- 1974) supo entender la situación, y tomó algunas medidas de apaciguamiento. Ofreció la posibilidad de incorporarse a la vida normal y al ejercicio de la política, conforme a las pautas de la Constitución Nacional, a todos aquellos que habían participado en la subversión armada. Ese clima de pacificación y de apertura ideológica, no se dio única mente en el terreno de la vida política. Se dejó sentir, de manera espontánea, en el mundo de la cultura y el arte. Los artistas de las últimas promociones, si bien condenaban el cinetismo por considerarlo un arte institucionalizado, rechazaban la Nueva Figuración por sus excesos políticos. Se advierte en esos momentos una nueva manera de ponderar el fenómeno artístico. Por encima de las ideologías y de las lides partidistas, se impuso la factura del trabajo artístico, la novedad, lo insólito. Se entiende que el arte no es sencillamente un hacer, sino algo más, un saber hacer las cosas lo mejor posible. Ahora surge una generación de artistas que habrá de distinguirse, a lo largo de toda esta década y en las siguientes, por la solidez de sus planteamientos y reivindicación de lenguajes y tendencias artísticas que hasta entonces habían tenido en el país una presencia circunstancial. Nos referimos al Happenings, al Body Art, a las expresiones minimalistas, al arte objetual y al Pop Art , al papel hegemónico que adquiere el dibujo, y en fin, el reconocimiento institucional logrado por la fotografía artística. Es una nueva actitud ante el fenómeno artístico que abre el camino en la década de los ochenta a la transvarguardia, así como a la posibilidad de mirar la ciudad de otra manera. Por otro lado, nuevos museos y nuevos salones abrirán sus puertas al público.


La generación emergente

La generación emergente estuvo integrada por jóvenes nacidos en su mayoría alrededor de 1950. Pero, lo más importante y lo que la identifica históricamente, es que fue precisamente en la apertura de la década del setenta cuando todos los artistas que la conforman empezaron a dar a conocer sus propuestas artísticas, aunque algunos hubiesen tenido ya considerable figuración en la década anterior. Diego Barboza (Maracaibo, 1945), por ejemplo, es una excepción, había expuesto en 1963 en el Círculo del Pez Dorado . Pero la gran mayoría mostró sus trabajos ante el público, por vez primera, en la fecha ya señalada, en el Salón de Jóvenes Artistas de Venezuela, en la Sala Mendoza y en el Ateneo de Caracas. Muy pocos llegaron exponer en esta etapa en el Museo de Bellas Artes. Recordamos, en este sentido, a Eugenio Espinoza (San Juan de los Morros, 1950), con una muestra en el mencionado Museo en 1972 cuando apenas tenía 21 años. Vale la pena destacar, también, que algunos trabajan, con asombroso dominio, en las más diversas expresiones artísticas, desde la gráfica, hasta la pintura y los ensamblajes objetuales. Entre ellos no podemos dejar de mencionar a María Eugenia Arria (Caracas, 1956), Nadia Benatar (Caracas, 1951), Henry Bermúdez (Maracaibo, 1950), Walter Margulis (Caracas, 1950), Eugenio Espinoza (San Juan de los Morros, 1950), Julio Pacheco Rivas (Caracas, 1953), Azálea Quiñones (El Tigre, 1951), Germán Socorro (Caracas, 1952), Carlos Zerpa (Valencia, 1950), Carmelo Niño (Maracaibo, 1951), Jorge Pizzani (Acarigua, 1949), Maricarmen Pérez (Madrid, 1948), Emito Lobo (Mérida, 1948), Corina Briceño, (Caracas, 1943), Edwin Villasmil (Maracaibo, 1947), José Campos Biscardi (Arboledas-Colombia, 1944), Alejandro Salas (Caracas, 1944), William Stone (Caracas, 1945), María Zabala (Maracaibo, 1945), Vladimir Zabaleta (Valencia, 1944), Ender Cepeda (Maracaibo, 1943), Rolando Dorrego (La Habana,1943), Victor Hugo Irazábal (Caracas, 1945), Antonio Lazo (Caracas, 1943), Ana María Mazzei (Caracas, 1941), Ángel Peña (Maracaibo, 1943), Ibrahín Nebreda, Ivlilton Becerra, Roberto Obregón, Claudio Perna (1938 - 1991), Antonieta Sosa, Adrian Pujol, Pedro Terán, Azdrúbal Colmenarez, Carlos Medina (Barquisimeto, 1953), Enrico Armas (Caracas, 1957), Margot Romer (Caracas, 1938). Todos habrán de ocupar un espacio significativo en la historia del arte venezolano desde ese entonces a esta parte.

Nuevos espacios, nuevos salones

La demanda de espacios para exposiciones de arte ha sido una constante en la historia de la cultura en Venezuela. Los artistas más jóvenes se han quejado persistentemente de la carencia de sitios donde exhibir y confrontar sus obras. Esa fue, entre otras, una de las razones que propició la conformación de grupos como el Círculo de Bellas Artes (1912), el Taller Libre de Arte (1948) y el Círculo del Pez Dorado (1960).Como sabemos, la confrontación del trabajo artístico fue una de las preocupaciones prioritarias de cada una de las agrupaciones mencionadas. En el cierre de la década del sesenta, y comienzos de los años setenta, los pintores y escultores que apenas frisaban entonces los treinta solían quejarse de la falta de lugares adecuados donde exponer sus trabajos. Cuestionaban la política del prestigioso Museo de Bellas Artes, institución a la que tildaban de 'conservadora' por estar reservado a aquellos artistas de probado prestigio y reconocida trayectoria. Esa actitud cuestionadora no era exclusiva de los jóvenes venezolanos. Estaba en el espíritu de la época. En la prensa han quedado plasmadas las violentas manifestaciones que ocurrieron frente al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), así como las severas críticas de que fue objeto la edición de Bienal de Venecia correspondiente a 1968.

En Venezuela, el Salón Anual Oficial de Arte, que era la exhibición de mayor tradición nacional, no fue una excepción dentro de ese clima general de cuestionamientos. Con el cierre de la década, en 1969, celebró su última edición en medio de una polémica de la cual queda el recuerdo en los diarios y revistas de la época. Desde 1940, hasta esa fecha, el Salón había mostrado al público ininterrumpidamente, año tras año, nuestra producción artística. Pero la Venezuela de 1969 era muy distinta a la de los tiempos del General Medina Angarita. Había cambiado radicalmente. Caracas, su capital, no era ya la bucólica ciudad de los paisajes de Cabré. Si en aquellos lejanos días -dijo una vez Mariano Picón Salas- los grandes problemas nacionales podían ser resueltos por el maestro de escuela, el inspector de sanidad y el ingeniero de caminos, los complejos días de los sesenta reclamaban la preparación del sociólogo, el análisis del humanista y la pupila de grandes historiadores. A estas alturas el número de artistas que laboraban en el país había aumentado considerablemente. Al Primer Salón (1940) apenas si concurrieron 41 pintores, 7 escultores y 8 artistas de las llamadas Artes Aplicadas, mientras que el XIX Salón (1958) registró en su catálogo 281 pinturas, 60 esculturas, 26 dibujos y 27 obras correspondientes a las Artes Aplicadas. Once años después, en 1969, las salas del Museo de Bellas Artes, donde tradicionalmente se celebraba el Salón, no eran suficientes para alojar las obras aceptadas. Fue necesario posponer la sección de dibujos para el mes de noviembre. Las críticas al salón se habían hecho presentes en la prensa nacional desde años atrás. Se cuestionaba no solamente la carencia de espacios sino la política del Museo de Bellas Artes y los fundamentos del Salón. Se decía que los criterios predominantes limitaban la participación de los lenguajes 'no or todoxos'. En las páginas de la revista Imagen (No 20, marzo, 1968) se dejó sentir la voz conciliadora del crítico Juan Calzadilla. Era necesario abrir cauce a la, "creciente y necesaria insurgencia", decía, más no por ello debía limitarse la voluntad de las concepciones más conservadoras. Pero de cualquier manera el viejo Salón era, en 1969, una institución ya anacrónica.

1. El Salón Nacional de Jóvenes Artistas

La extinción del Salón Oficial planteó a las autoridades culturales la necesidad de llenar el vacío que dejaba la vieja institución, la cual, en cierta forma, había sido el espejo de nuestra pintura, escultura, grabado y dibujo. Pero ahora la situación era más rica y compleja. Además de los 'consagrados' había un elevado número de artistas jóvenes que demandaba espacios para mostrar sus obras. Con miras a satisfacer esa demanda fue creado el Salón Nacional de Jóvenes Artistas el 15 de julio de 1971 por iniciativa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INCIBA). En el texto del decreto quedaba establecido que dicho evento estaba destinado sólo a los artistas menores de 35 años, debiendo celebrarse anualmente. Para los 'consagrados' reservaba una Exposición Anual de Artes Plásticas con la participación de invitados especiales. La primera edición del Salón Nacional de Jóvenes Artistas tuvo lugar en Maracay en noviembre de 1971. Ahí enviaron sus obras jóvenes de todos los rincones del país, algunos de los cuales habrán de dejar una huella profunda en la historia artística de nuestro país. Fueron exhibidas 125 pinturas, 37 piezas de escultura, 35 dibujos y 29 grabados. Se recuerda, entre otros, a Eugenío Espinoza, Sigfrido Chacón, Ana María Mazzei, Beatriz Blanco, Margot Romer y Jorge Zerep. En octubre de 1972 se realizó el segundo Salón, otra vez en Maracay, pero en esta ocasión sólo para escultores y pintores. Entre los concurrentes aparecen William Stone, Rolando Dorrego, Milton Becerra, Gilberto Bejarano, Ángel Peña, Julio Pacheco Rivas, José Campos Biscardí y Carlos Zerpa, quienes habrán de ser, de ahora en adelante, una referencia ineludible en el quehacer de nuestras artes visuales. La tercera versión fue celebrada en el Hipódromo de la Rinconada (Caracas) en septiembre de 1973. Fue de una significación muy particular, ya que a partir de entonces brotaron ideas innovadoras para la organización de un Salón más sincronizado con el espíritu de la época. La intención era muy clara: dar cabida a los llamados 'nuevos lenguajes'. El quinto, realizado en octubre de 1977 en el Palacio de las Industrias (Caracas), contó con envíos de Walter Margulis, Adrián Pujol y Nadia Benatar (pintura), Enrico Armas y Carlos Medina (escultura).

2. El papel de la Sala Mendoza, Estudio Actual y Ateneo de Caracas.

Además del Salón Nacional de Jóvenes Artistas, hubo otros escenarios que contribuyeron a hacer conocer y difundir la obra de los artistas noveles. Un rol fundamental ejercieron, en este sentido, el Ateneo Caracas, la Sala Mendoza (dirigida entonces por Lourdes Blanco) y Galería Estudio Actual (a cargo de Clara Diament de Sujo). Estas tres instituciones dieron singular acogida a las propuestas ambientales, aquellas manifestaciones que hacían uso hasta de la tecnología y, en general, a cualquier tipo de recurso expresivo. De esta manera el Ateneo de Caracas propició una intervención William Stone, en abril de 1971, con la participación de Sigfrido Chacón e Ibrahín Nebreda. Este inolvidable experimento se llamó El Autobús consistió en la puesta en escena de un autobús real, a cuyo interior de los artistas invitaban a subir al público. Complementaban la ambientación los altos decibeles del sonido de un radio. El tema, de moda entonces en los predios universitarios y académicos, era la angustia de los seres humanos en la sociedad moderna, la alienación del ser masificado, expresado en el trajinar diario de un autobús que hacía la ruta San Bernardino-Quinta Crespo. En los mismos espacios del Ateneo, fue organizada, un año después, la colectiva titulada Para contribuir a la confusión general. En esta ocasión hallamos de nuevo la participación de William Stone, así como presencia de Margot Romer, María Zabala y Ana María Mazzei. El argumento era el mismo del Autobús, la enajenación del ser humano en sociedad de consumo. No de menor significación tuvo –a principios de la década del setenta- la actividad de la Galería Estudio Actual de Caracas. Clara Díamet, su directora, supo captar el talento de una generación emergente, ávida de espacios en los cuales exhibir sus obras y dar a conocer sus ideas Con esa intención organizó en agosto de 1970 un evento que tituló Joven Actualidad Venezolana I. A tales efectos seleccionó obras de William Stone, Eugenio Espinoza y José Campos Biscardi. Un año después Diamet de Sujo puso en escena la segunda edición, esta vez con 27 participantes, entre los cuales se cuentan Stone y Espinoza, además de Sigfrido Chacón, EIba Damast, María Zavala y Héctor Fuenmayor.

El catálogo, a cargo de William Stone, plasmaba el sentimiento comp