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Contramaestre, Carlos

238 bytes añadidos, 12:32 9 oct 2015
Últimos poemas
Carlos Contramaestre
====I==== 
La segunda muerte me embriaga en
 
las tabernas olorosas a invierno.
 
La distancia descalabra las almas,
 
enmudece las lenguas del destierro
 
entre los titubeos de las estaciones fraudulentas.
 
Retorno a las riberas de la soledad,
 
Virtuosa tañedora de silencios y ecos de la muerte.
 
Moro en esa copa sardónica,
 
incienso de la tribu espectral.
 
Destilo dolores y heridas antiguas
 
en serpentina de cobre dulce.
====II====
Ella suele llegar casi siempre desnuda.
 
Su olor sube sobre mis columnas trágicas
 
y yo empiezo a soñar rosas
 
y algunos animales híbridos.
 
Esa mujer no me pertenece
 
en este continente ni en la otra vida.
 ====III====
Agonizo en tu temblor cotidiano
 
y la lluvia terminó.
 
Nadie podía adivinar la rudeza del cielo,
 
el pavor de seguir casi vivo,
 
casi aliento para retornar al cosmos.
 
Necesito la mudez de la alquimia,
 
el incesto de los Dioses,
 
la primavera del invierno,
 
el fuego de la invocación.
 
Soy ese exorcismo dormido sobre el llanto:
 
nos une el desastre, el extravío.
====IV====
Desprenderse del cuerpo
 
y encontrar la nube marcada
 
que ocupará el espacio medido
 
para el amor sin frutos.
 
Océanos agitados y naufragios decididos.
 
El jordano transportó la dicha y no lo sabía.
 
Recordó a su toledana en silencio.
 
Luego, el arquitecto del lecho académico
 
lo regó con licores y flores churriguerescas.
 ====V====
Mi oficio de basurero
 
me obliga a buscar mis pergaminos,
 
mis escombros perfumados.
 
Y tú eres ese mural
 
que yo inventé;
 
tú ese sueño bajo tierra
 
dulce, silencioso
 
para el abandono arqueólogo
 
de amores.
====VI===
Dos manzanas asustan cuerpos
 
si son de tierra lejana, como
 
hijos olvidados,
 
asuntos de tu vihuela en porfía
 
y ese sentimiento de astro perdido
 
que no quiere regresar porque
 
no hay constelación sin amor,
 
sin aire.
 
Canta el alma sorda.
 
Lo desperdicio todo, hasta un ratón.
 
Vuelo vegetal sin espejo,
 
frío para siempre, sin sintaxis,
 
traspapelando noches, días, encuentros,
 
amores, doncellas, recuerdos:
 
ése cuerpo reproduce tu cuerpo,
 
tus piernas, tu hilo nostálgico.
 
Insatisfacción. Era otra María, era
 
otro olfato para la belleza,
 
otra línea para vivir
 
y yo era el paraíso, era
 
río con piedras, con
 
árboles.
====VII====
Depende de tu muelle y
 
tu ojo amoroso.
 
Vuelvo a las almendras esenciales,
 
a tu silencio demencial.
 
Escarbo en tu vulva,
 
colecciono piedras y licores,
 
acerco cuerpos, carnes
 
puberales, inciensos de
 
ciudad en viaje sin continente.
====VIII====
El azar del vuelo inventa el lecho
 
que el jordano transporta
 
para la novia y es él quien decide
 
el norte de los besos, el sur
 
que deslinda el corazón en el tiempo.
 
El jordano desaparece como fantasma
 
para labrar la materia
 
de los sueños y planta árboles
 
del porvenir en tus sienes.
 
El anillo de su toledana
 
es nuestro amuleto.
====IX====
Tugurios abandonados a la lujuria
 
de la pobreza.
 
Azar del que sufre en silencio,
 
oculto de los dioses.
 
Niebla pecaminosa susurrando
 
otro cielo prohibido, alguna
 
voz de mujer profanada.
 
Temblor de carburo alabando
 
los ojos ciegos, la nada del
 
naufragio, el instinto del árbol
 
ahogado en savias alcohólicas,
 
abanicando corazones ramificados
 
en el duelo.
====X====
Tengo una constelación
 
y una mujer desnuda
 
que brilla como una hoja de higuera.
 
Amo ese principio que me une
 
a ese gran ombligo de la noche
 
donde me embriago de tinieblas.
 ====XI==== 
Espacio ornamentado por mis
 
gorriones dementes,
 
con cielos provisionales y
 
paraíso recién decretado.
 
Arcillas tranquilas en su
 
crecimiento para unificar el
 
latido.
 
Celebro el encuentro.
====XII====
El tiempo desnivela mi silencio.
 
Grito en grieta.
 
Me escuchas más allá de los trópicos.
 
Tu ola anticipa naufragios.
 
Ausencia de navío escarlata que regresa al Caribe.
 
Me indulto y me inmolo en langostas.
 
Techos baldíos, cocodrilo celeste, palma sagrada.
 
El azar-sortilegio implica encuentros,
 
hallazgos fortuitos.
 ====XIII====
Ayer me arrancó
 
la tormenta unos
 
árboles que cantaban
 
melodías antiguas del
 
universo como eco
 
armonioso de un caos.
 
La sangre brotó de
 
la tierra para alimentar
 
los muertos sedientos de
 
vida porque la deja
 
a medias
 
…cuando el amor comenzaba.
 
Esa tormenta desatada
 
por los dioses oscurecía
 
mis sueños y no podía
 
seguir viendo desnudeces
 
de tu cuerpo iluminado
 
por los relámpagos.

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