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Contramaestre, Carlos

De WIKIHISTORIA DEL ARTE VENEZOLANO
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Carlos Contramaestre
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Nombre completo Carlos Contramaestre
Nacimiento 24 de julio de 1933, Tovar, Mérida - Venezuela
Fallecimiento 29 de diciembre de 1996, Caracas, Distrito Capital - Venezuela
Nacionalidad Venezolano
Área Pintor, escritor y médico
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Biografía

Pintor, escritor y médico. Hijo de Julio Contramaestre y Maximina Salas. Estudió primaria en la Escuela McGregor de Tovar (Edo. Mérida, 1939-1945) y bachillerato en el Liceo Rafael Rangel de Valera (1946-1949) y el Liceo Fermín Toro de Caracas (1949-1950). Mientras estudia medicina en la ULA, inicia su actividad expositiva en una colectiva con Salvador Valero, Marcos Miliani y Renzo Vestrini, en la AVP de Valera (1951), y en una colectiva realizada en la Facultad de Derecho de la ULA tras la fundación del Taller Libre de Arte en Mérida (1954). Después de terminar el cuarto año de medicina en 1954, viaja a Salamanca (España), donde concluye la carrera en 1959. En España se compenetra con los principios del grupo madrileño El Paso y estudia la pintura negra de Goya y las obras de Valdés Leal. Entre 1959 y 1962 es médico rural en poblaciones del estado Trujillo. Fue ideólogo y miembro activo del grupo El Techo de la Ballena, el cual irrumpió con propuestas contestatarias en las formas artísticas y el compromiso político (1961-1967). En 1960, Contramaestre participó con dos obras, Chatarra y Muro y fábula, en el Salón Experimental en la Sala Mendoza, en la que fueron reunidos los artistas informales de la época.

El informalismo guiará gran parte de su obra ejecutada en Jajó (Edo. Mérida), la cual reúne en su primera exposición individual, "Homenaje a la necrofilia", en la Galería El Techo de la Ballena (Caracas), en noviembre de 1962. Esta muestra y las circunstancias que la rodearon son una referencia obligatoria de su época. Las pinturas de Contramaestre estaban realizadas con materiales de desecho, ropas viejas y vísceras de animales tratadas con sal, kerosén, trementina y otras sustancias para retrasar su putrefacción, que debía suceder mientras durara la exposición. Cerrada ésta por el Ministerio de Sanidad, el Aseo Urbano cargó con la mayoría de las obras. Una de ellas (colección José Moreno Colmenares), se ha preservado, si bien los huesos han perdido la carne y sobresalen de ese "empaste violento", como llamó Adriano González León, en la presentación de la exposición, el detritus de "tripas, mortajas, untos, cierres relámpagos, asbestina o cauchos en polvo desparramados sobre cartones y trozos de madera". Otra obra de esta época es Estudio para verdugo y perro, realizada con pintura, telas y huesos sobre masonite (120 x 112 x 12 cm, colección Fundación Noa Noa, Caracas), "en la que impera la violencia como imagen y como totalidad: hay una revuelta en sus componentes, todos haciendo hincapié en la idea de lo impetuoso, lo feroz" (Palenzuela, 1997, p. 7). Ese año, Contramaestre ilustró Espada de doble filo de Dámaso Ogaz (Caracas: El Techo de la Ballena). Tras el escándalo que levantó su exposición, Contramaestre fue destituido de su cargo en el Ministerio de Sanidad, pero siguió ejerciendo su profesión en una consulta privada en Cabimas (Edo. Zulia, 1963-1968). Oswaldo Vigas, quien era director de cultura de la ULA, lo requiere para que dirija el Centro Experimental de Arte de esa universidad (1968-1973) y fuera director de sus publicaciones. En 1962 participó en la "Cuarta exposición nacional de dibujo y grabado" realizada en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, donde fue premiado, y participó en la Bienal de Spoleto (Italia, 1962). Su exposición "Tumorales" (1963), además de reincidir en su voluntad de manipular la materia humana, fue un homenaje a los juegos retóricos de Giuseppe Arcimboldo. En 1967 participó con Francisco Hung y Francisco Bellorín en una muestra realizada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Contramaestre fue reconocido con el premio de dibujo en el XXVII Salón Oficial de 1966.

A mediados de los años setenta, pintó una serie de retratos como Rostro de mujer (pastel sobre madera, 1975, colección Conac) en los que agregó elementos ondulantes, como un sistema arterial gráfico. Fue invitado a la I y II Bienal Nacional de Artes Visuales realizadas en el MBA (1981) y el MACC (1983). Fue promotor de la obra de Salvador Valero desde 1955. Publicó relevantes libros de poesía, un estudio sobre la brujería, La mudanza del encanto (Caracas: CDCH-Academia Nacional de la Historia, 1979), y un estudio sobre Salvador Valero (Trujillo: Musaval, 1981). Fue miembro fundador de grupos renovadores del arte venezolano durante los años sesenta: el Taller Libre de Arte (Mérida, 1952), Sardio (1956), El Techo de la Ballena (1961) y 40 Grados a la Sombra (Maracaibo, 1964). Fue creador del Musaval (1976) y agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Madrid (1985-1991). La obra de Contramaestre fue contemporánea a la de Joseph Beuys, quien a principios de los años sesenta trabajaba obras con grasa, su sustancia preferida. La experiencia española del pintor influyó su temática que no eximió las referencias a la Automoribundia de Ramón Gómez de la Serna, o al tenebrismo de la escuela española. Asimismo, no dejó de aludir directamente a la violencia política de la época. Juan Carlos Palenzuela ha observado la influencia de Contramaestre en Fernando Irazábal y su exposición "Bestias, occisos" (Sala Mendoza, 1962), las taxidermias de Miguel von Dangel, el fetichismo de Carlos Zerpa y, más recientemente, en Octavio Russo ("Carne de tiempo", Ateneo de Caracas, 1989) y en las posiciones en torno a la muerte propias de Nelson Garrido. Juan Calzadilla, por su parte, comentó la exposición "Homenaje a la necrofilia" de la siguiente manera: "se trataba, en propiedad, de algo más que de una exposición contra el buen gusto y contra el arte de museos; era evidente que constituía una suma de símbolos, una sátira, en la que se pretendía ver representada la agresividad, siempre ejercida contra la inocencia, de los organismos policiales del estado" (1975, p. 102). La GAN posee, de Contramaestre, Caballeros luchando (tinta sobre papel, 1963) y un pastel de gran formato sin título (1980).


Obras

Homenaje a la necrofilia

El techo de la ballena

“¿Por qué la ballena? Por eso justamente. Porque hubiera sido fácil elegir el caimán. O porque hubiera sido de señoritos estetas elegir el hipocampo. Y también porque la ballena está en medio de la bondad y el horror, sujeta a todas las solicitaciones del mundo y el cielo, con su vientre dignísimo que se ríe de Jonás y se engulle un tanquero de petróleo, toda extendida de uno a otro extremo de la Tierra, que casi es la Tierra misma o es el pájaro minúsculo que picotea su diente cariado en el cual nadan los peces.” Adriano González León. El Techo de la Ballena - Tercer Manifiesto


“De los numerosos movimientos artísticos venezolanos que confirieron su peculiar nota tumultuosa a la década del sesenta en Caracas, hubo uno que se distinguió por su violencia, su espíritu anárquico, su voluntaria agresividad pública, haciendo de la provocación “un instrumento de investigación humana”. Fue el que libérrimamente se autodenominó El Techo de la Ballena.

Tanto o más importante que esas condiciones estrepitosas, que lo definieron como un estallido más que como una escuela o una estética coherente, fue su capacidad para aglutinar por breve tiempo a un conjunto de creadores jóvenes entre quienes se contaron algunos de los narradores y poetas que habrían de llevar a cabo la renovación literaria contemporánea de Venezuela. El solo hecho de que en ese movimiento hayan militado, con diverso grado de participación, narradores como Adriano González León o Salvador Garmendia que habrían de constituirse en figuras centrales de la nueva prosa narrativa del país, o poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Efraín Hurtado, Caupolicán Ovalles, Dámaso Ogaz, Edmundo Aray, entre otros, prueba la imantación mostrada en el primer quinquenio de los sesenta por El Techo de la Ballena, la cual puede realzarse más si se agrega la contribución capital que le prestaron artistas plásticos como Jacobo Borges o Carlos Contramaestre, siendo este último quien más ostensiblemente definió sus rasgos iniciales y algunas de sus posiciones artísticas centrales.

El movimiento se constituyó a comienzos del año 1961; en marzo de ese año abrió, en un simple garaje de la urbanización El Conde, de Caracas, una exposición titulada “Para restituir el Magma” y publicó su primer manifiesto-revista que era una simple hoja plegada, bajo el título Rayado sobre el Techo, al tiempo que en el diario “La Esfera” daba a conocer un breve texto programático. Tras esta inauguración se sucedieron diversas actividades: declaraciones, hojas sueltas, pequeñas “plaquettes” de poesía y prosa, con una visible y poco usual tendencia a la teorización apodíctica que encontraba en los manifiestos su instrumento preferido y que delataba la concepción vanguardista que habían asumido sus integrantes.

Pero sus hitos centrales estuvieron representados por exposiciones de artes plásticas, de las cuales dos alcanzaron resonancia.

El Techo de la Ballena “¿Por qué la ballena? Por eso justamente. Porque hubiera sido fácil elegir el caimán. O porque hubiera sido de señoritos estetas elegir el hipocampo. Y también porque la ballena está en medio de la bondad y el horror, sujeta a todas las solicitaciones del mundo y el cielo, con su vientre dignísimo que se ríe de Jonás y se engulle un tanquero de petróleo, toda extendida de uno a otro extremo de la Tierra, que casi es la Tierra misma o es el pájaro minúsculo que picotea su diente cariado en el cual nadan los peces.”


El “Homenaje a la cursilería” (junio de 1961), que fue presentado como “un gesto de franca protesta ante la permanente e indeclinable farsa cultural del país” o, en la versión de Caupolicán Ovalles, como un “testimonio sobre farsantes con aire de comprometidos y hacedores de cultura”, constituyó el primer intento de demolición de la concepción pequeño burguesa que dominaba a la cultura venezolana hasta el grado de impregnar no sólo sus manifestaciones oficiales sino también las opositoras. Más eficaz, la escandalosa exposición de Carlos Contramaestre, “Homenaje a la Necrofilia” (noviembre de 1962) marcó el ápice del movimiento, su más pleno ejercicio de la provocación porque obtuvo la anhelada respuesta por parte de los indignados burgueses caraqueños a quienes iba dirigida de hecho la muestra. A sólo tres años de su constitución, El Techo de la Ballena comenzó a desintegrarse luego de publicar su ambicioso tercer manifiesto artístico, Rayado sobre el Techo Nº 3 (1964). No obstante, sus más tesoneros animadores (Carlos Contramaestre y Edmundo Aray) le proporcionaron una irregular supervivencia que cubrió casi toda la década del sesenta, apelando al funcionamiento de galerías de arte, exposiciones de pintura informal, publicaciones literarias signadas por una tónica surrealista que comenzó a devenir anacrónica a medida que se disolvía el complejo político-cultural que había prohijado el movimiento, pero que aseguró la difusión de sus principios generadores junto con una previsible retorización.

Cuando en 1968, luego de un período de intensificación de su actividad editorial, El Techo de la Ballena publica el volumen Salve amigo, salve, y adiós, con colaboraciones de Edmundo Aray, Efraín Hurtado, Juan Calzadilla, Dámaso Ogaz, Xavier Domingo, Marcia Leyseca, Carlos Contramaestre y Tancredo Romero, se puede considerar cerrado su ciclo. Sus integrantes han venido dispersándose, agrupándose de distinta manera, constituyendo otros grupos con nuevas definiciones ideológicas o siguiendo caminos individuales atendiendo a su creación artística propia...”

Extraído del prólogo de “Antología de El Techo de la Ballena” / Ángel Rama. FUNDARTE, Caracas, 1987

http://www.damaso-ogaz.com.ve/el_techo_de_la_ballena.html

Contramestre poeta

El tiempo

El tiempo es una

abstracción de arena

ajeno a la memoria

del espejo

Reniega de su pasado

como testigo

de lo efímero de

la vida

de Tanatorio (1993)

Últimos poemas

Carlos Contramaestre

I

La segunda muerte me embriaga en

las tabernas olorosas a invierno.

La distancia descalabra las almas,

enmudece las lenguas del destierro

entre los titubeos de las estaciones fraudulentas.

Retorno a las riberas de la soledad,

Virtuosa tañedora de silencios y ecos de la muerte.

Moro en esa copa sardónica,

incienso de la tribu espectral.

Destilo dolores y heridas antiguas

en serpentina de cobre dulce.

II

Ella suele llegar casi siempre desnuda.

Su olor sube sobre mis columnas trágicas

y yo empiezo a soñar rosas

y algunos animales híbridos.

Esa mujer no me pertenece

en este continente ni en la otra vida.

III

Agonizo en tu temblor cotidiano

y la lluvia terminó.

Nadie podía adivinar la rudeza del cielo,

el pavor de seguir casi vivo,

casi aliento para retornar al cosmos.

Necesito la mudez de la alquimia,

el incesto de los Dioses,

la primavera del invierno,

el fuego de la invocación.

Soy ese exorcismo dormido sobre el llanto:

nos une el desastre, el extravío.

IV

Desprenderse del cuerpo

y encontrar la nube marcada

que ocupará el espacio medido

para el amor sin frutos.

Océanos agitados y naufragios decididos.

El jordano transportó la dicha y no lo sabía.

Recordó a su toledana en silencio.

Luego, el arquitecto del lecho académico

lo regó con licores y flores churriguerescas.

V

Mi oficio de basurero

me obliga a buscar mis pergaminos,

mis escombros perfumados.

Y tú eres ese mural

que yo inventé;

tú ese sueño bajo tierra

dulce, silencioso

para el abandono arqueólogo

de amores.

VI

Dos manzanas asustan cuerpos

si son de tierra lejana, como

hijos olvidados,

asuntos de tu vihuela en porfía

y ese sentimiento de astro perdido

que no quiere regresar porque

no hay constelación sin amor,

sin aire.

Canta el alma sorda.

Lo desperdicio todo, hasta un ratón.

Vuelo vegetal sin espejo,

frío para siempre, sin sintaxis,

traspapelando noches, días, encuentros,

amores, doncellas, recuerdos:

ése cuerpo reproduce tu cuerpo,

tus piernas, tu hilo nostálgico.

Insatisfacción. Era otra María, era

otro olfato para la belleza,

otra línea para vivir

y yo era el paraíso, era

río con piedras, con

árboles.

VII

Depende de tu muelle y

tu ojo amoroso.

Vuelvo a las almendras esenciales,

a tu silencio demencial.

Escarbo en tu vulva,

colecciono piedras y licores,

acerco cuerpos, carnes

puberales, inciensos de

ciudad en viaje sin continente.

VIII

El azar del vuelo inventa el lecho

que el jordano transporta

para la novia y es él quien decide

el norte de los besos, el sur

que deslinda el corazón en el tiempo.

El jordano desaparece como fantasma

para labrar la materia

de los sueños y planta árboles

del porvenir en tus sienes.

El anillo de su toledana

es nuestro amuleto.

IX

Tugurios abandonados a la lujuria

de la pobreza.

Azar del que sufre en silencio,

oculto de los dioses.

Niebla pecaminosa susurrando

otro cielo prohibido, alguna

voz de mujer profanada.

Temblor de carburo alabando

los ojos ciegos, la nada del

naufragio, el instinto del árbol

ahogado en savias alcohólicas,

abanicando corazones ramificados

en el duelo.

X

Tengo una constelación

y una mujer desnuda

que brilla como una hoja de higuera.

Amo ese principio que me une

a ese gran ombligo de la noche

donde me embriago de tinieblas.

XI

Espacio ornamentado por mis

gorriones dementes,

con cielos provisionales y

paraíso recién decretado.

Arcillas tranquilas en su

crecimiento para unificar el

latido.

Celebro el encuentro.

XII

El tiempo desnivela mi silencio.

Grito en grieta.

Me escuchas más allá de los trópicos.

Tu ola anticipa naufragios.

Ausencia de navío escarlata que regresa al Caribe.

Me indulto y me inmolo en langostas.

Techos baldíos, cocodrilo celeste, palma sagrada.

El azar-sortilegio implica encuentros,

hallazgos fortuitos.

XIII

Ayer me arrancó

la tormenta unos

árboles que cantaban

melodías antiguas del

universo como eco

armonioso de un caos.

La sangre brotó de

la tierra para alimentar

los muertos sedientos de

vida porque la deja

a medias

…cuando el amor comenzaba.

Esa tormenta desatada

por los dioses oscurecía

mis sueños y no podía

seguir viendo desnudeces

de tu cuerpo iluminado

por los relámpagos.

En: http://somosliteraturavenezolana.blogspot.com/2011/07/carlos-contramaestre.html

Exposiciones individuales

  • 1962 "Homenaje a la necrofilia", Galería El Techo de la Ballena, Caracas
  • 1963 "Tumorales", Galería El Techo de la Ballena, Caracas / "Tumorales", Galería 40 Grados a la Sombra, Maracaibo
  • 1967 "Los confinamientos", Galería El Puente, Caracas
  • 1969 "Contramaestre", Galería La Gárgola de Tancredo, Maracaibo
  • 1971 "30 lecciones de perforopuntura", Galería Viva México, Caracas
  • 1974 "Dibujos y grabados", Sala Víctor Valera, Maracaibo
  • 1975 "Las tribulaciones del amor", Galería La Otra Banda, Mérida
  • 1976 "Retrato de la bella desconocida", Galería Durban, Caracas
  • 1977 "Infantas y nieblas", Mamja / "Pinturas, dibujos y grabados de Contramaestre", Galería Lea, Barquisimeto
  • 1983 "Obras recientes", Colegio de Abogados del Estado Mérida, Mérida
  • 1989 "Pinturas", Río Negro del Puente, España

Premios

  • 1962 Premio Ateneo de Caracas, "Cuarta exposición nacional de dibujo y grabado", Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV
  • 1966 Premio Emil Friedman, XXVII Salón Oficial
  • 1981 Premio Municipal de Artes Plásticas, Concejo Municipal del Distrito Libertador, Mérida

Colecciones

  • CONAC / Fundación Noa Noa, Caracas / Galería de Arte, Spoleto, Italia / Galería Municipal de Arte, Puerto La Cruz / GAN / Mamja / MBA

Fuentes

  • Calzadilla, Juan. El ojo que pasa. Caracas: Monte Ávila, 1969.
  • Calzadilla, Juan. Pintura venezolana de los siglos XIX y XX. Caracas: Litografía Tecnocolor, 1975.
  • González León, Adriano. "Homenaje a la necrofilia". En: Homenaje a la necrofilia (catálogo de exposición). Caracas: El Techo de la Ballena, 1962.
  • La década prodigiosa: el arte venezolano de los '60 (catálogo de exposición). Caracas: MBA, 1995.
  • Palenzuela, Juan Carlos. "Contramaestre a contramarcha". En: Papel Literario de El Nacional. Caracas, 5 de enero de 1977.
  • Palenzuela, Juan Carlos. "Dos obras, dos polos, un pintor". En: La Brújula, 2, 59. Caracas, 28 de febrero-6 de marzo de 1997, p. 7.
  • Rama, Ángel. Antología de El Techo de la Ballena. Caracas: Fundarte, 1987.
  • Traba, Marta. Mirar en Caracas. Caracas: Monte Ávila, 1974.

Créditos

Enlaces relacionados

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